Saint Benedict Menni Mental Health Center Liberia
Marta (segunda por la derecha), junto a varias Hermanas en la casa de la Comunidad.

01 Mar 2020 Conoce a Marta, nuestra primera psiquiatra

Marta Menéndez es la primera psiquiatra que tuvo el St Benedict Menni Mental Health Center de Monrovia, donde permaneció un año. Un año después después de dejar Liberia, volvió a Monrovia a visitarnos y a participar en una charla sobre salud mental en un colegio de la zona.


Pregunta.– Qué has hecho desde que dejaste la Unidad María Josefa Recio?

Respuesta.– Dejar Liberia y la Unidad fue más duro de lo que esperaba. Te vas sintiendo que dejas atrás una parte de ti, pero volver con mi familia y mis amistades, a quienes echaba mucho de menos, me ayudó. Aunque suene extraño, volver a adaptarte al modo de vida y a las prisas de Occidente no es fácil.

Me puse a buscar trabajo enseguida y ahora soy psiquiatra en una unidad de media estancia. Al igual que en la Unidad del Saint Benedict, trabajamos con una perspectiva holística, global, no sólo abordando la patología mental sino también los problemas sociales y familiares. De todas formas, continúo colaborando con el proyecto y mantengo el contacto con las Hermanas y el personal.

P.– Ahora que ha pasado algún tiempo, ¿cómo valoras lo que te ha aportado esta experiencia en el plano profesional y en el personal?

R.– Trabajar con Hermanas Hospitalarias en Liberia durante un año ha sido la mejor experiencia de mi vida, y estoy segura de que lo será durante mucho tiempo. Fue la mejor decisión que podía haber tomado después de hacer la residencia porque me ha enriquecido no sólo como persona, sino también como profesional, y por eso lo recomiendo tanto a doctores como a internos que en algún momento han pensado en hacer algo parecido.

Ninguna experiencia es comparable a ayudar a la gente que realmente lo necesita``

 

Ninguna experiencia es comparable a ayudar a la gente que realmente lo necesita, especialmente con la falta de recursos y las dificultades con que te encuentras a veces. He aprendido la gran importancia de un tratamiento humanizado en nuestra profesión. Creo que lo más importante en el trabajo en salud mental es tratar a las personas afectadas por la enfermedad como lo que son, seres humanos que sufren, algo que en África es a veces olvidado por culpa del estigma que rodea a estas patologías.

P.– ¿Algún momento de tu experiencia en el Saint Benedict que te haya acompañado todo este tiempo?

R.– Me resulta difícil elegir un solo momento que no permanezca conmigo día tras día y que no haya puesto en práctica en mi trabajo como psiquiatra en el mundo occidental. Sobre todo, retengo lo que la cultura africana me ha enseñado: la resiliencia, el coraje y la fuerza de la gente que se enfrenta a adversidades pero siempre tiene una sonrisa y una palabra de agradecimiento para los demás.

Por supuesto, recuerdo los momentos en que dábamos de alta a una paciente y volvía para el seguimiento. Eran momentos de alegría para todos, incluso para las pacientes que estaban aún ingresadas. Ver cómo una paciente recupera la vida digna que merece es el mejor regalo para un doctor.

P.– ¿Como ha sido volver a Liberia? ¿Fue como esperabas?

R.– Sí. Desde el momento en que pisé el país, era como si no me hubiera marchado nunca. Todos los recuerdos, las sensaciones y las emociones volvieron enseguida. Quizás lo que más me ayudó a adaptarme fue ver que todo estaba funcionando exactamente igual. Nunca pensé que no fuera a ser así, y por eso lo encontré todo como esperaba. Bajo la supervisión de las Hermanas y con el duro trabajo del personal, han conseguido que el centro funcione por encima de las expectativas.

P.– ¿Qué pasos crees que pueden darse para que la Unidad mejore?

R.– Las Hermanas y el personal están haciendo un trabajo ejemplar y no puedo decir nada que mejorar. Cualquier mejora dependerá del país y del Gobierno. Deben ponerse en marcha campañas de concienciación sobre la enfermedad mental, mejorar las infraestructuras, proporcionar más personal sanitario y, sobre todo, acabar con el estigma educando a la población. Pero esto es algo que también estamos mejorando en los países occidentales.

P.– ¿Crees que estamos dando los pasos apropiados para cambiar la situación en la que viven muchas personas con enfermedad mental? ¿Y el estigma que está asociado a ella en algunos países?

R.– Quiero ser positiva. Creo que el mundo está evolucionando en muchos aspectos y en todos ellos para bien. El progreso y la evolución llevan tiempo, pero creo que estamos en el buen camino., el menos en lo que a salud mental se refiere. Proyectos como el desarrollado por Hermanas Hospitalarias en Liberia y en muchos otros países son indicadores de ese progreso. Pero queda mucho por hacer no sólo en los países más desfavorecidos, sino también en los países desarrollados.

Hay que lanzar más campañas de concienciación. El estigma surge de la ignorancia y del miedo a lo desconocido. La gente no es mala por naturaleza: simplemente les falta conocimiento. Si podemos proporcionar más información sobre la salud mental, estoy segura de que pronto podrá dejar de ser un problema mundial.

P.– ¿Has podido reencontrarte con alguna paciente? 

R.– Sí, con muchas de ellas, porque vienen a sus citas de seguimiento, y no hay nada más gratificante que ver que continúan estables y viviendo la vida que merecen. Los encuentros fueron muy emotivos y cálidos. Ellas no esperaban que yo estuviera ahí y en cuanto nos veíamos surgían los abrazos y las palabras de afecto como si el tiempo no hubiera pasado. Ciertamente, para mí fue la parte más gratificante de mi visita. Me sentí inmensamente agradecida al ver que me recuerdan con cariño, porque yo me acuerdo de ellas y las llevo en mi corazón.

P.– ¿Puedes contarnos tus planes de futuro? ¿Quizás volver a África?

R.– De momento intento seguir trabajando en España. En  nuestra profesión nunca paras de formarte y todavía tengo un montón que aprender. Por supuesto, entre mis planes está volver a África, porque este continente ha sido mi segunda casa, es parte de mí y siempre tendré un afecto especial por él. Ya me lo dijeron antes de irme: África te atrapa con algo único que nunca olvidas y que siempre llevarás en tu corazón. Tengo intención de volver al menos una vez al año para seguir en contacto con el proyecto y ayudar todo lo que pueda.

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